La salud en crisis: otro fracaso del gobierno Petro
- George Symington
- 14 feb 2025
- 3 min de lectura

La reciente decisión de la Corte Constitucional, que reitera órdenes al Ministerio de Salud sobre la Unidad de Pago por Capitación (UPC) y los presupuestos máximos, deja en evidencia la improvisación y la falta de liderazgo del gobierno de Gustavo Petro en materia de salud pública. No es la primera vez que el alto tribunal debe intervenir para corregir el rumbo de una administración que ha demostrado una preocupante incapacidad para gestionar uno de los sectores más sensibles para los colombianos. Mientras Petro y su equipo se concentran en discursos ideológicos y reformas inviables, los problemas reales del sistema de salud se siguen acumulando, afectando a millones de ciudadanos que dependen de un acceso oportuno y de calidad a los servicios médicos.
El fallo de la Corte Constitucional revela que el Ministerio de Salud no ha cumplido con la obligación de garantizar los recursos necesarios para la prestación de los servicios de salud, generando incertidumbre en hospitales, clínicas y EPS. La crisis en la financiación del sistema de salud se ha profundizado bajo este gobierno, que insiste en imponer una reforma estructural sin solucionar los problemas más urgentes, como la falta de pagos oportunos a los prestadores de salud y la escasez de medicamentos e insumos. En lugar de enfrentar estas dificultades con soluciones concretas, el gobierno se ha dedicado a culpar a terceros, como a las EPS y a los gobiernos anteriores, en un intento desesperado por desviar la atención de su propia incompetencia.
Uno de los mayores errores de Petro ha sido su obsesión por desmantelar el sistema de salud sin ofrecer una alternativa viable. Su reforma ha generado una profunda desconfianza entre los profesionales de la salud, los pacientes y los expertos en políticas públicas, quienes han advertido sobre los riesgos de una estatización mal diseñada. La falta de claridad en la financiación de la reforma, sumada a la ausencia de un modelo eficiente de transición, ha convertido el debate en un campo de batalla ideológico, mientras las necesidades de la gente quedan en segundo plano. La realidad es que los problemas de salud del país no se resuelven con discursos ni con cambios abruptos, sino con una planificación seria y basada en evidencia.
El manejo de la salud en este gobierno ha estado marcado por decisiones erráticas y una alarmante falta de transparencia. La renuncia y destitución de varios ministros y altos funcionarios del sector reflejan el caos interno que caracteriza a la administración de Petro. En lugar de fortalecer las instituciones existentes y mejorar su funcionamiento, el presidente ha optado por la confrontación y la polarización, debilitando la confianza en el sistema. Mientras tanto, los pacientes siguen enfrentando barreras para acceder a tratamientos, los médicos y enfermeros trabajan en condiciones precarias y los hospitales luchan por mantenerse a flote en medio de la crisis financiera.
La decisión de la Corte Constitucional es un claro mensaje de que el gobierno de Petro está fallando en su deber de garantizar el derecho a la salud. La incapacidad para administrar los recursos del sistema, la politización de la reforma y la falta de respuestas concretas han llevado al país a un escenario de incertidumbre que afecta a millones de colombianos. Si el gobierno no cambia de rumbo y adopta medidas responsables y realistas, la salud en Colombia seguirá en caída libre, con consecuencias devastadoras para la población. Petro llegó al poder prometiendo un cambio, pero lo único que ha logrado es profundizar el caos y la desconfianza en uno de los sectores más importantes del país.



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