La izquierda en 2026: Juegos del Hambre, edición progresista
- George Symington
- 9 mar 2025
- 3 Min. de lectura

Si algo nos ha enseñado la política colombiana es que las coaliciones de izquierda tienen la estabilidad emocional de una telenovela, pero con menos coherencia en el guion. Ahora que se acerca el 2026, la competencia para ver quién se queda con el trono de Petro se parece cada vez más a un reality show donde los participantes no solo compiten, sino que también se sabotean entre ellos. Y como siempre, el verdadero protagonista es el ego desbordado de su líder supremo.
El dilema de la 'bendición' presidencial
Gustavo Petro, ese personaje que llegó al poder con promesas de cambio y terminó cambiando de excusas cada semana, ahora enfrenta un dilema más grande que la inflación: ¿A quién pasarle la antorcha sin que el fuego lo queme a él también? La 'bendición' de Petro es como un salvavidas de plomo; quien la reciba tendrá que cargar con el peso de un gobierno marcado por la improvisación, la falta de resultados y un talento único para victimizarse ante cada problema.
Por un lado, están los aspirantes que se ponen la camiseta del petrismo como si estuvieran en una secta que cree en la infalibilidad del líder. Por otro, los que, viendo el desastre administrativo y la caída en las encuestas, prefieren hacerle el quite y marcar distancia con frases como "compartimos algunas ideas, pero no todas" (traducción: "no me hundas contigo, Gustavo").
El Pacto Histórico: ¿pacto o campo de batalla?
El Pacto Histórico tiene más precandidatos que excusas Petro ha dado para no cumplir sus promesas. Gustavo Bolívar, María José Pizarro, Daniel Quintero y Martha Peralta están en la carrera, cada uno con su propio discurso de por qué merece el trono. Mientras tanto, la unidad brilla por su ausencia. Como siempre, la izquierda colombiana prefiere desangrarse entre sí antes que organizarse para enfrentar la derecha.
Los debates internos parecen más una asamblea de revolucionarios de café: mucha retórica, poca gestión y cero autocrítica. Y como si eso fuera poco, algunos todavía creen que pueden ganar apelando al miedo a la derecha, ignorando que la gente ya les tiene más miedo a ellos después de ver cómo han manejado el país.
El Frente Amplio: un nombre grande, un propósito incierto
Mientras el Pacto Histórico se pelea por quién es más petrista, el gobierno propone un "Frente Amplio" para las elecciones. Amplio, sin duda: lo suficiente como para que todos quepan, pero no tan sólido como para que funcione. Seamos realistas: las coaliciones en Colombia son como los proyectos de Petro, empiezan con discursos rimbombantes y terminan en un caos administrativo.
Lo cierto es que, mientras la derecha ya tiene claros sus candidatos y estrategias, la izquierda sigue debatiendo si seguir con el legado de Petro o intentar un lavado de imagen. Si siguen así, terminarán entregándole la presidencia a su propio enemigo, pero eso sí, con el consuelo de haber defendido su "coherencia ideológica" hasta el final.
Conclusión: ¿unidos o en el diván del terapeuta?
El 2026 se acerca y, como siempre, la izquierda colombiana tiene el talento de hacer que sus propias fracturas sean más evidentes que sus propuestas. ¿Lograrán unirse o será otra tragicomedia política? La respuesta está por verse, pero una cosa es segura: si la derecha gana, no será porque tenga mejores candidatos, sino porque el petrismo, fiel a su tradición, volverá a hacer lo que mejor sabe hacer: dividirse y fracasar en cámara lenta.



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